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Lo tropical tiene sus encantos: vinos y viñedos venezolanos

De clima en general tropical, de gastronomía tan colorida como su bandera y sus bebidas, que no sólo se remiten a las tradicionales elaboradas en las diversas regiones que conforman aquella nación, se trata de uno de los países de Sudamérica con un gran potencial económico. Nos referimos a Venezuela.

Figura polémica mundialmente, ha dejado opacado el lado placentero de aquel país. Dejando de lado cuestiones políticas, además de brindarnos una oferta culinaria muy diversa, destinos turísticos envueltos con un clima caribeño sin igual, Venezuela ofrece una producción de vinos de mesa con gran presencia, la cual tiene una historia muy reciente de crecimiento y desarrollo local, que compite con bebidas como la cerveza, una de las industrias nacionales a la par de la refinación petrolera, la petroquímica o la industria alimentaria.

El Instituto de la Uva y la Colección Ampelográfica

A pesar de la rivalidad, por así clasificarla, de la presencia sólida de la cerveza en las preferencias de consumo, el reto fundamental para el afianzamiento de la industria vitivinícola es el clima tropical. Para ello se fundó el Instituto de la Uva, auspiciado por la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA). Los trabajos de investigación llevaron a ubicar una zona donde la producción lograda para vinos de uva rebasa ya los 7000 kg dos veces por año. Se trata de El Tocuyo, con una superficie total de 40 hectáreas, donde están las plantaciones con vides para vino de mesa. Allí se encuentra la Colección Ampelográfica, la cual está formada por 180 variedades de vid para mesa, vino, jugo y pasas, todas ellas introducidas a Venezuela por el Instituto de la Uva desde los países de mayor tradición vitivinícola del mundo.

Los vinos que uno puede encontrar en esta bodega del Instituto de la Uva, son: Vino El Tocuyo (blanco, rosado y tinto), Vino Viña Tocuyana (blanco, rosado y tinto), Vino Valle Larense (blanco, rosado y tinto), Vino Tinto Dulce Tipo Oporto San Lucas, Vino Moscatel (para consagrar) San Lucas, Vino Seco San Lucas (blanco, rosado y tinto), Sangría La Guarita, y Vino Espumante (Champaña) Las Damas.

Desde el sector privado, la más importante iniciativa vitivinícola venezolana es muy reciente y nace de la mano de las empresas Polar y la casa francesa Martell, que eligieron para su proyecto la zona de Altagracia, en el estado de Lara, a unos 120 kilómetros de Barquisimeto. Las variedades de la cartera de vinos y champañas producidas en suelo larense incluyen: vino tinto y blanco de Viña Altagracia; vinos Premium Pomar Sauvignon, Pomar Syrah, Pomar Tempranillo, Pomar Petit Verdot; vino blanco y tinto de Pomar Gran Reserva; los espumantes hechos al estilo francés tradicional, Pomar Brut, Pomar Demi Sec, Pomar Brut Rosé, Pomar Brut Nature, así como el espumante Frizzante y la Sangría Caroreña.

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Petit Verdot y Syrah

Por los vinos que hemos mencionado, no cabe duda que la Bodega Pomar apostó por la influencia de expertos franceses como Patrick Rabión, uno de los vitivinicultores más afamados del mundo y de la historia contemporánea del vino. Pero, ¿qué características presentan estos vinos, en particular el Petit Verdot, uno de los más reconocidos mundialmente?

Este vino hay que dejarlo respirar, que le dé aire; una vez que olemos y disfrutamos su aroma, que recorre nuestra nariz y pasa por nuestra garganta, podemos distinguir notas dulces y con toques de violeta, madera, algunos dicen que también de cuero. Lo cierto es que es un vino que nos remite a la tierra, es decir, uno puede inmediatamente resaltar un sabor intenso y esa es la peculiaridad de este vino, que puede acompañarse con una sopa muy caliente de verduras o la típica sopa de picadillo venezolano.

Mientras que del Syrah a primera vista podemos decir que presenta un color teja y cereza; al momento de acercarnos a la copa y oler, la sensación es fuerte, pero en la degustación esto cambia y podríamos decir que es un vino suave.

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Los espumosos

Elaborados según el método tradicional, los espumosos de bodegas Pomar son vinos que nada tienen que envidiarle a varios de sus similares del Sur. De fina burbuja y buen carácter que recuerdan las notas de pan tostado y manzana verde, desde el demi seco hasta las ediciones especiales, son productos para sentirse orgullosos del gentilicio.

Cada vez más los venezolanos se vuelven para reconocer los vinos propios, que en últimos años han ganado certámenes internacionales, sobre todo los pertenecientes a la bodega Pomar, que uno de sus últimos premios lo obtuvo en el año 2000 en Verona, Italia.

Es así como Venezuela nos toma gratamente y nos ofrece sus vinos para demostrar que el Trópico tiene sus encantos y que por esta razón pueden tener hasta dos vendimias al año. Se puede afirmar entonces que el estudio, investigación y esmero en la producción de la uva se percibe al momento de levantar una copa, oler un vino y, sobre todo, degustarlo.