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Los encantos de la carne y el vino tinto

La carne nos vincula de forma intrínseca: alrededor de ella hemos creado una fuerte cultura.

Hay combinaciones que resultan maravillosas, como un buen corte a las brasas y un corpulento vino tinto. Soy de las personas que come carne cada vez que puede y no me imagino la vida sin ella. Disfruto mucho comer de todo, pero mis antojos en días de descanso la mayoría de las veces son de un rib eye o una cabrería.

Me fascina el ritual de llegar al restaurante especializado en carnes, pedir la carta de vinos y escoger el que más se me antoje, después abrir apetito con una fresca ensalada de berros, mientras sorbo a sorbo comienzo a disfrutar el vino para después seguir con un corte término medio acompañado de papas a la francesa, transportándome a algún lugar en el campo donde la armonía y la felicidad es lo único que se siente.

Hace un par de años, en un viaje a Canadá, conocí el proceso de comercialización de la carne de res, ¡quedé maravillada! Visitamos una planta en donde los animales pasan por procedimientos tan cuidadosos y respetuosos que hacen entender por qué cuanto llega el plato a la mesa es tan sabroso.

Estoy convencida que el ser humano necesita variedad de alimentos para estar saludable y tener una vida feliz. El equilibrio en las porciones que consumimos al mes es importante para que haya un balance entre nosotros y el medio ambiente, y podamos seguir disfrutando de los encantos de esta proteína.

Recuerdo que en Buenos Aires hay una verdadera cultura en torno al consumo de la carne y el vino, aunque confieso que ahí sí me excedí en porciones. El vino Malbec, corpulento y algo irreverente, es perfecto para entender aquella cultura. Su carácter es igual a los gauchos, que celebran con un asado y un Malbec después de una larga jornada.

No cabe duda de que los países que se distinguen por su cultura carnívora nos muestran su identidad a través de sus usos y costumbres alrededor de la mesa y del fuego. Creo que los pertenecientes al continente americano estamos vinculados de manera intrínseca a esa cultura, ¿será que por eso nos consideran el Nuevo Mundo?

Lo que sí sé, es que el ambiente que se da alrededor de un buen asado promueve la convivencia y la alegría entre los invitados, al grado que quien cae en sus redes difícilmente logra escaparse. ¡Por eso hay que disfrutar y ser felices!

Recuerden que en la vida y en la cocina… menos es más.