Te gusta

Mérida, mi querida Mérida

Se dice que el hogar es donde el corazón está. Mi padre era de la Península, y algo que me heredó fue el gusto por la comida, el respeto por el origen, además del orgullo de ser y pertenecer al lugar donde están tus raíces. 

En Mérida, ante todo, se come muy bien. La gastronomía yucateca es una joya mexicana, un hermoso sincretismo entre la comida española y la maya que ofrece grandes lugares. Vienen a mi mente K’u’uk, del chef Pedro Evia, o Néctar, del chef Roberto Solís: ellos siempre me sorprenden con su espectacular evolución de la comida yucateca con un toque moderno.

Y la pregunta obligada del turista conocedor y comelón es: ¿en dónde se encuentran los mejores panuchos? En mi opinión, en La Susana Internacional. Algunos otros restaurantes imperdibles son: Eladio’s, Hacienda Teya, Hacienda Xcanatún, Los Almendros y La Tradición. Cuando entro a alguno de estos lugares, aromas de condimentos como el achiote, la longaniza de Valladolid asándose lentamente, o la pepita tostada en el comal, me remiten a mi infancia y me hacen salivar.

Propuestas contemporáneas

Sin perder lo tradicional, es muy amplia la exquisita oferta de restaurantes que ofrecen una cocina contemporánea como Oliva, Micaela, Rosas & Xocolate, Totter’s, Brayan’s o Sanbravo, que además han impulsado el increíble vino de la casa elaborado por la vinícola El Cielo, del Valle de Guadalupe, cuyo fundador es, curiosamente, de origen yucateco.

Para desayunar, existe una nueva oferta contemporánea en el restaurante Venia, donde no puedes perderte los huevos benedictinos, chilaquiles con short rib o su selección de panes recién horneados. Para mariscos, nada mejor que La Pigua, afamado por su origen campechano, o disfrutar en Crabsters de la brisa en el malecón de Puerto Progreso.

Conocer Mérida caminando

Los trotamundos me darán la razón: la mejor forma de conocer un lugar es caminar por sus calles. Con un sombrero y botella de agua en mano por el intenso calor, he recorrido las vías de esta hermosa Ciudad Blanca, llamada así por la limpieza de sus espacios y avenidas. En Mérida, nadie debe perderse la experiencia de comer en un carrito las marquesitas de queso de bola o los famosos perros calientes con cebolla y tocino, así como caminar por el emblemático Paseo de Montejo y sentarse a disfrutar un rico helado en la Heladería y Sorbetería Colón. Finalmente, recomiendo escuchar la trova yucateca y cenar en alguno de los diversos restaurantes en el hermoso parque de Santa Lucía.

Mérida se fundó en 1542 por Francisco de Montejo y León, y fue llamada así por la ciudad del mismo nombre en Extremadura, España. Visitar sus exhaciendas henequeneras, sus palacios, los sitios arqueológicos cercanos, pero, sobre todo, probar sus sabores y sentir la calidez de su gente, es un deleite para todos los que se enamoran de esta hermosa ciudad.

Mérida está en mi corazón.