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Monte Uzulu, lujo consciente del medio ambiente

Aquí el lujo aborda un nuevo significado, mucho más consciente, con una mirada de sustentabilidad y respeto al medio ambiente.

Catalina de la Torre | [email protected]

Enclavadas en la costa del Pacífico oaxaqueño, las montañas de la Sierra Madre del Sur resguardan un nuevo espacio en el que la hospitalidad ha sido redefinida, donde la experiencia del confort ocurre en total sinergia con el respeto hacia el entorno y el reencuentro con la autenticidad de la naturaleza.

Bajo la sombra de huizaches y tachicones, en la pequeña población pesquera de San Agustinillo, se localiza Monte Uzulu, un hermoso hotel boutique con únicamente once suites, ambientadas bajo una estética bohemia y contemporánea, todas con preciosas terrazas que ofrecen privilegiadas vistas al mar y a la selva.

La vegetación tropical y la inigualable brisa del Pacífico, son elementos sagrados para esta comunidad que preserva el equilibrio que sus pobladores originarios han honrado desde tiempos remotos, reconociendo su eterno vínculo
con las bondades de la tierra.

Así, el nombre de Monte Uzulu proviene del vocablo zapoteco gusulú, que se traduciría como “el comienzo”; su significado evoca el origen de la vida y la primera conexión entre el ser humano y la naturaleza, que resulta una invitación a ser conscientes, para contemplar y comprender la belleza de su entorno en completa armonía.

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La orientación frente al mar permite disfrutar vistas panorámicas oníricas, desde las terrazas bañadas de sol y un clima excepcional todo el año. El diseño de iluminación, por su parte, es pieza clave al reflejar la energía nocturna de San Agustinillo, permitiendo admirar la oscuridad, los impactantes cielos y las criaturas que habitan la selva.

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Diseño que trasciende

Un conjunto de arquitectos, diseñadores y artesanos trabajaron en conjunto para materializar la esencia de Monte Uzulu. Guiados por la filosofía del confort sustentable y de bajo impacto ambiental, se unieron Alan V. Favero de Taller LU´UM, Mariana Ruiz de At-te y Paola José de Sombra Studio, para crear los conceptos arquitectónicos, de diseño e iluminación hasta concebir este hotel único, en donde la distribución de los espacios se adapta a las condiciones del terreno, con el propósito de cuidar y preservar el entorno natural.

Los matices terracota de las laderas se funden armónicamente entre la vegetación y el resto de los elementos ya existentes en este espacio, ajustando al máximo la huella del proyecto.

Enalteciendo las raíces de la arquitectura local y con el deseo de concebir escenarios que transmitan paz y tranquilidad, el interiorismo fue pensado para crear una conexión con lo elemental, por medio de una experiencia de inmersión total en la naturaleza.

Las once suites han sido creadas con una estética minimalista y bohemia, con materiales naturales y técnicas artesanales, de los que destacan los techos de palapa en las habitaciones superiores, sus lámparas de paja, la cestería de Michoacán, el mobiliario en madera tallado por ebanistas oaxaqueños, los textiles de Teotitlán del Valle, además
de una rica gama de cuidado personal elaborada a base de aceites esenciales.

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Meditación, yoga, masajes, temazcal y lecciones de surf, son algunas actividades que Monte Uzulu ofrece a sus huéspedes para sumergirse por completo en la relajación. Además, los visitantes pueden adentrarse en la comunidad a través de actividades complementarias que les permitirán conocer las fincas cafetaleras, realizar caminatas por la sierra o descubrir la laguna bioluminiscente de Manialtepec.

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Sabor de cuna oaxaqueña

Temporada, es la propuesta culinaria que complementa la experiencia de alojamiento, una cocina que resalta la frescura de los ingredientes de la localidad, para ofrecer un menú que observará los ciclos de cosecha y crear así los mejores sabores que su tierra convida en el momento.

Lo anterior es gracias a que priorizan con rigurosa atención la trazabilidad de sus insumos, al crear lazos con productores regionales de verduras, hortalizas, frutas y café, así como con la comunidad local de pescadores.

Además, el hotel cuenta con un pequeño huerto que lo abastece de algunos ingredientes. El reflejo de la identidad y el respeto por los productos de cada región, son los valores sobre los cuales se erige Temporada. Su menú está compuesto por preparaciones y recetas cotidianas, manteniendo de manera fiel la sazón de los fogones
oaxaqueños y el inconfundible aroma de los alimentos cocinados a las brasas, como las picadas de maíz morado, servidas con una salsa molcajeteada de tomate tatemado al mezcal, o el pan montado de plátano y la granola al carbón, acompañados con papaya de Chacahuita.

Los entrantes dan protagonismo a los vegetales, mientras que los platos principales resaltan los sabores del mar con la pesca del día; y en la antesala de la sobremesa, el dulzor de las frutas se realza en los postres, donde la propuesta es la piña al carbón con helado de coco o los plátanos cocinados al carbón.