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Never Give Up

JONATHAN RUIZ – @chefjjrr

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Es muy grato para mí volver a saludarlos. Me gustaría comenzar a compartir nuevamente con ustedes otro episodio de la cocina. Yo sé que todos hemos tenido un mal día, pero ¿cómo sucede dentro de una cocina?

Estaba de prácticas lejos de mi casa y familia, fuera de mi área de confort, escuela, amigos, comida hecha por mi mamá, dormirme temprano o jugar hasta tarde juegos de video. Me encontraba en esta otra situación totalmente diferente, con un montón de ropa sucia apestosa a grasa, ajo y cebolla, los roomies más raros que se puedan imaginar y, para colmo, la cosa apenas se ponía buena.

Imagínate que estás sacando el servicio para 500 personas, cuando de repente llega el hermano del dueño del restaurante (que resulta ser también socio), alguien muy especial y te animas a despachar su comanda porque imaginas que lo estás haciendo va bien, pero para tu sorpresa resulta que no tenías ni idea de lo que hiciste y fue como firmar tu sentencia de muerte: en un santiamén, ocurre tu debut y despedida, porque acabas de meterte en un buen lío. Entonces te llaman y la adrenalina recorre tu cuerpo porque no sabes qué pasa y te sientes fuera de control mientras piensas “¿lo hice bien o lo hice mal?, ¿qué es lo que pasa?”.

Resulta ser que serviste un plato tan sencillo pero lo elaboraste sin pasión, sin sentimiento, por lo que el resultado es pésimo y lo primero que temes es crees que estás despedido. Para tu sorpresa, sólo te llaman la atención y claro, regañan al chef por tu culpa (porque él permitió que saliera así ese plato). Pero, ¿sabes qué? aunque lo anterior en realidad me sucedió, aprendí que cada quien es responsable de sus actos y aunque esto puede destrozarte el ánimo, tienes que seguir con la frente en alto y dar lo mejor de ti, actuar como si nada hubiese pasado, aunque por dentro pides a gritos tu cama, una cobija y dormir hasta que despiertes creyendo que todo fue una pesadilla.

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Más tarde, al llegar a mi habitación, con el ánimo por los suelos y replanteándome por qué pasaban estas cosas, o por qué la vida no es justa si estaba haciendo un esfuerzo y las cosas bien, fue cuando me di cuenta de que efectivamente la vida no es fácil y cada adversidad, aunque parezca una enorme brecha, no lo es: cada quien tiene el poder de salvarla o quedarse atorado, así que lo mejor es tener el coraje y las ganas de enfrentarlo. Nadie dijo que eso es sencillo, pero descubrí que tampoco es imposible.

¿Qué fue lo que hice? Durante dos semanas estuve practicando esa misma receta hasta dominarla, así que cuando regresó el hermano del dueño, Marco Dalli, se acercó a mí y con actitud desafiante me pidió la misma pasta, olio especial con camarones; por primera vez en mi vida experimenté seguridad ante un hecho, entonces la preparé sin miedo, disfruté cada momento que sazonaba y salteaba la pasta, incluso yo mismo la llevé a la mesa y ¿quieren saber qué sucedió?

Durante el resto de mi estancia nadie, sino yo, cocinaba para él y sus invitados, yo era el único que podía servir a su mesa, eso me honró y me dio poder para seguir adelante; descubrí que si yo no creía en mí, nadie más lo iba a hacer, y así fue: creí y creyeron en mí.

Nada es fácil, pero tampoco imposible. Nuestro peor enemigo o mejor aliado somos nosotros mismos, por lo que los invito a redescubrirse y a seguir luchando por sus sueños. Confíen más en ustedes y disfruten cada momento de esta etapa que recién comienza. Y entre fogones, con una copa en mi mano, yo los invito a brindar por los fracasos, sí, pero también por el aprendizaje que recibimos de éstos, los cuales hacen que aprendamos, maduremos y nos esforcemos más para lograr aquello que queremos. ¡Salud!

Columna publicada originalmente en la edición No. 37 de la Revista El Conocedor.