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¿Qué hay detrás de una etiqueta de vino?

La etiqueta de un vino expresa sus datos de origen y la personalidad de su enólogo o bodega. Consiste en una carta de presentación que puede darnos importantes datos antes de descorchar.

Aprender a leer el lenguaje de una botella de vino no sólo nos lleva a conocer su origen, sino que puede ayudarnos a crear toda una experiencia. Por ello, te invitamos a adentrarte en el significado que envuelve una etiqueta detrás de vino.

Etiqueta del vino: su origen

La evolución del almacenamiento del vino que va desde las ánforas de barro hasta las botellas de vidrio, dio como pauta la necesidad de diferenciar una botella de otra a partir de su origen y estilo. Antiguamente los egipcios colocaban sellos a sus botellas de barro para identificar al “chef vinificador”, hoy día enólogo, pero no fue sino hasta el siglo XVIII cuando surgió la necesidad de crear etiquetas para los vinos.

Las primeras etiquetas de vino contenían información muy básica acerca de su procedencia para que el consumidor comenzara a identificar diferencias entre los vinos.

A partir de las distintas legislaciones en Europa, principalmente en Francia hacia el año de 1855, surge el sistema de clasificación de vino francés en Bordeaux, el cual ayudó a formalizar la imagen e información más precisa en las etiquetas de vino sobre su origen y procesos para certificar su calidad, esto como consecuencia del creciente comercio vinícola que poco a poco tomaba auge en aquel entonces. De esta forma, es como el Viejo Mundo creó las bases de lo que ahora conocemos como etiqueta de vino.

Información básica que contiene una botella de vino: acta de nacimiento

Para poder distinguir entre un universo de etiquetas de vino que van desde el tamaño, color y forma, es importante considerar la información que debe de contener toda etiqueta: nombre de la bodega, país de origen, capacidad de la botella y graduación alcohólica. Hay algunos otros datos que pueden o no contener por legislación en cada país como cepa o cosecha.

La personalidad de un vino: carta de presentación

Una botella de vino encierra en su interior el trabajo de la tierra de las manos que han cuidado durante años y generaciones un viñedo, con el objetivo de lograr la máxima calidad del fruto en conjunto con el delicado trabajo enológico, para así lograr expresar lo mejor de su vino año con año.

De esta forma es como la etiqueta de un vino se convierte en el primer contacto con el consumidor, quien busca a través de colores, palabras, formas e imágenes, encontrar el vino perfecto para cada ocasión.

Una etiqueta se convierte en la mejor carta de presentación de un vino, ya que es la encargada de crear un diálogo con el consumidor, para invitarlo a descubrir lo que encierra una botella en su interior. Con ello, las etiquetas se convierten en un mundo de emociones que pueden llegar a conectarnos en el instante preciso.

Para los clásicos y contemporáneos: el Viejo y el Nuevo Mundo

La identidad de una etiqueta del Viejo Mundo está fielmente diseñada para transmitir la personalidad de vinos de gran clase, elegancia, con tipografías estilizadas, e incluso con imágenes de sus viñedos o bodega, como los grandes vinos de Bordeaux.

Por otro lado, las etiquetas de los vinos del Nuevo Mundo buscan ser más actuales, hacen uso de símbolos y colores llamativos, lo que refleja un estilo de vino más moderno y expresivo.

No obstante, podemos encontrar excepciones en el mercado las cuales pueden llegar a conjuntar ambos estilos; como Chateau Montelena, vino de origen californiano, cuya etiqueta plasma la imagen de su bodega cuya edificación hace alusión a un clásico château francés. Por otro lado, el Premier Grand Cru Classé Chateau Mouton Rothschild, uno de los grandes vinos clásicos de Bordeaux, que desde su primera cosecha innovó sus etiquetas plasmando en ellas pinturas elaboradas por distintos artistas, pasando desde el cubismo, hasta pinturas modernas y contemporáneas creadas por Miró, Dalí y Picasso.

Es por ello que una etiqueta del Nuevo o Viejo Mundo puede ser todo un recorrido por la estética, el arte o el terroir que lo vio nacer.

No debemos olvidar: la contraetiqueta

La etiqueta representa el primer contacto visual con el consumidor, la cual puede brindarnos parte de su información; no obstante, es importante dialogar con el vino, ser meticulosos sobre todo si lo que buscamos es un vino para una ocasión especial. Leer la contraetiqueta puede brindarnos información más detallada sobre recomendaciones de maridaje, tiempo y tipo de barrica, notas de cata, historia de la bodega o del vino, con lo cual podemos llegar a tomar una decisión más precisa acerca de nuestra elección.

La mejor recomendación: no juzgar, sino probar

En muchas ocasiones una etiqueta puede resultarnos impactante, pero al momento de degustarlo, producirnos un resultado distinto al esperado; por el contrario, existen etiquetas que pueden ser poco atractivas y que pueden llegar a contener en su interior vinos fascinantes. No obstante, la mejor forma de conocer realmente un vino es degustándolo o bien, recurriendo a la asesoría de sommeliers para que nuestra elección sea la mejor.

Elegir una un vino desde su etiqueta es como viajar en vuelo sin destino, ya que podemos llegar a crear una historia inolvidable para nosotros e incluso para los tripulantes si la etiqueta logró transmitirnos lo que realmente nos expresó cuando la elegimos y la compartimos.

No olvidemos que cada botella de vino siempre tiene algo más que contarnos, su etiqueta es una invitación para adentrarnos a conocer más sobre su historia y su origen, y de esta forma, convertirnos en voceros de las manos que han trabajado para crearlo y así compartir con los nuestros algo más que sólo una botella de vino.