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¿Qué son las tertulias de vino?

¿Qué es la tertulia, sino un espacio de placer y goce que se genera después de haber disfrutado una buena comida en compañía de los seres queridos?

Siempre me ha encantado la palabra tertulia. Se la escuché en algún momento a mi padre, quien seguramente la escuchó del suyo, y así podría remitirme muchas centurias atrás. Comer y beber, siempre con medida, nos proporcionan un despliegue de hormonas que podríamos clasificar como de placer, ya que nos da un estado de ánimo inmejorable para una buena plática.

¿Qué se necesita para una buena tertulia? Una buena comida mejor si es rodeada de amigos, y si a esto agregamos un buen vino de alguna zona desconocida del mundo, mucho mejor, ya que algo podemos aprender de lo que nos trasmite el vino, pues en él vendrán algunos rasgos de gusto de la región y el estilo del elaborador, y finalmente parte del conocimiento de temas variados para que el aprendizaje sea el máximo y global, mientras algún tertuliano expresa su sentir o su sapiencia y los otros escuchan y aprenden.

Curiosamente las tertulias se desarrollan al auspicio del vino, no así de los destilados; esto es una verdad inapelable, ya que el vino genera una atmósfera de complicidad, relajación, consulta, exclamación, experiencia, aprendizaje, vivencias… El vino abre espacio para todo; crea una atmósfera de integración en donde todos opinan y todos dejan opinar, ya que si no, la tertulia se rompe, como pasa en muchos casos con los destilados, que la euforia que éstos generan nos lleva a querer posicionarnos como el interlocutor de todos los temas.

En nuestros días la tertulia se está desmoronando, ya que no existen sobremesas; me parece que se debe a diferentes causas. La primera es que poca gente toma vino, siguiendo porque la tecnología no nos permite disfrutar con los presentes y sí con los distantes, y por último por la lectura que nos da tema de conversación, a diferencia de las imágenes que atiborran el mundo moderno sin dejarnos expresar.

¿Qué tal si promovemos la tertulia?, que no es otra cosa que una larga tarde después de comer, disfrutando con las conversaciones, anécdotas y experiencias de los ahí reunidos. Posiblemente si la practicáramos más seguido, entenderíamos que el vino abre la mente, los sentidos y las fronteras, pero siempre con la moderación exacta para poder expresar nuestras ideas sin tratar de empequeñecer las de nuestros tertulianos: todas son vivencias diferentes en cuerpos y sentidos diferentes, por ello nos invita a aprender.

Podríamos implantar el verbo tertuliar, después de una buena comida con amigos o familia, creo que la pasaríamos mucho mejor .

Un abrazo.