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¿Qué tienen en común los vinos y las cervezas?

Yo diría que en primer lugar su historia: ambas bebidas se crearon para satisfacer a alguien. El contexto en que se crearon fue distinto, pero el fin fue el mismo, además de que ambas preparaciones se inmiscuyeron en terrenos mitológicos o espirituales, con la cerveza en Egipto donde en aquella región era servida a los poderosos faraones y hombres de alto rango político, mientras que el vino de igual forma saciaba la sed de reyes y demás jerarquía monárquica; en la mitología griega, la generosidad de la vid era consumida por dioses omnipresentes como Zeus… y qué decir del dios Baco, el dios del vino en la cultura romana.

Al igual que la cerveza, el vino constituye una de las bebidas más consumidas en el mundo; por razones geográficas contamos con zonas inigualables en su producción, en otras con ayuda de investigaciones, aportes tecnológicos y el mismo cambio climático que vivimos, se dan a conocer regiones que en años anteriores no habríamos pensado que pudieran competir con las de gran tradición. Decir cuál es mi favorito me resulta muy difícil; sin embargo, por región debo confesar que los vinos franceses ocupan el primer lugar, seguidos por los argentinos, los mexicanos, los australianos y los alemanes.

El vino, al igual que la cerveza, son más que universales; su versatilidad siempre encontrará grandes momentos para acompañarnos, la mejor manera de disfrutarlos es siempre   recordar las regiones de donde provienen. Más allá de las “reglas” del maridaje, dejemos que nuestro paladar sea el mejor juez, que nuestras papilas gustativas conduzcan el olfato y la sinergia de ambos ofrezca un reconocimiento de la bebida con sus propiedades y su historia. Cuando tengamos oportunidad de visitar viñedos, dejemos que esa atmósfera sea nuestra guía, descubramos los encantos de cada una de las regiones por el sabor que le confiere a la uva y, como Julio Verne, metafóricamente hablando podremos realizar un “viaje al mundo en 80 vinos”.

¡Salud!