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Rosados, vinos del verano

Verano, esa estación del año tan fascinante que nos remite a climas cálidos, diversión y gastronomía fresca, es la época ideal de los rosados. 

Se trata de vinos muy atractivos porque destacan en su expresión aromática la frutalidad, y en boca, una agradable acidez, que junto con la temperatura de servicio, se muestran muy frescos y con una discreta presencia de tanicidad.

Hay, sin embargo, una historia poco afortunada de los primeros vinos rosados.

En la antigua Grecia, la mayoría de los vinos era una mezcla diluida de uvas rojas y blancas. Se creía que sólo los bárbaros consumían vino puro. De hecho, en la mitología griega hay una leyenda famosa, The battle of lapiths with the centaurs, que comenzó este complicado proceso. Cuenta la historia que durante una boda de la tribu lapith (los legendarios griegos), los centauros bebieron muchísimo vino rosado sin diluir y eso despertó su naturaleza salvaje, convirtiendo la fiesta en una terrible y desagradable batalla.

Otras referencias cuentan que el rey espartano Cleómenes bebió vino no disuelto y enloqueció de tal forma, que posteriormente se suicidó en su celda. Con el tiempo, cuando la vinificación mejoró y las historias se convirtieron en leyendas, dejó de ser común diluir el vino con agua. Las uvas rojas y las blancas se separaron y el vino rosado creció como una categoría independiente.

Vinos rosados, vinos blancos

En términos generales podemos afirmar que el vino rosado sigue el protocolo de manufactura de un vino blanco, pero con uvas tintas (la mayoría de las variedades tintas tienen la pulpa blanca). Existen, básicamente, dos procesos de elaboración: el rosado de prensa o maceración, y el rosado de sangrado.

En el primero, la uva se vendimia, se despalilla y se enfría si es necesario, exactamente igual que en el caso de los blancos. La maceración pelicular determinará el color del rosado que se desea obtener; cuanto más se deje el mosto con las pieles, más intenso será.

En el rosado de sangrado, la uva va directamente al depósito sin pasar por la prensa. Una vez lleno, se extrae la parte líquida del depósito
y se dejan sólo las uvas tintas enteras. Este mosto más o menos coloreado -en función del tiempo que haya macerado con las pieles-, se puede clarificar y seguir con el proceso tradicional de fermentación.

El proceso del rosado

Sin embargo, en la práctica, para ajustar el color existe la posibilidad de acoplar los dos procesos; obtener un rosado de prensa muy tenue y más tarde ajustar el color con el rosado de sangrado que ha macerado con los hollejos.

Finalmente, conviene hacer mención de la diferencia entre un clarete y un vino rosado: cuando se habla de un clarete, siempre se refiere a un coupage entre uvas tintas y blancas. Puede elaborarse con un vino blanco y un tinto por separado para luego realizar un coupage, o bien incluir variedades de uva blanca y tinta en el proceso de maceración, durante un tiempo estimado, para luego prensarlo y obtener el mosto.