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Supertoscanos

Las grandes historias nos fascinan. Muchas son disruptivas, transgresoras, controversiales y, a veces, hacen caminar o modificar al mundo. Tal es el caso de los supertoscanos. 

La designación de supertuscan, se atribuye a Robert Parker Jr. -abogado de profesión que publicaba desde 1978 la revista Wine Advocate-, al considerar que los nuevos vinos toscanos respondían al estilo de vino que usualmente él promovía con características de fruta muy madura, ricos en taninos y madurados en barrica. Semejantes a aquellos emergentes del Nuevo Mundo -con los de California a la cabeza-, nacidos de la mezcla de barricas, variedades y añadas.

El surgimiento de la categoría

Hace muchos años, en 1944, Mario Incisa della Rocchetta, ingeniero agrónomo y aficionado al vino de alta calidad, plantó en la viña de Castiglioncello, vides de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, con las que creaba un vino tinto de estilo francés para consumo propio y de sus amigos aristócratas.

Sin embargo, varios años después, el marqués Nicolò Incisa della Rocchetta, creó en una zona vitivinícola de Chianti con DOC y DOCG, el primer gran vino toscano sin Denominación de Origen, el Sassicaia, elaborado con Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc sin contener Sangiovese ni uvas blancas en la mezcla.

Nicolo Antinori comenzó a comercializar el Sassicaia en 1972, con la añada 68 de la bodega Tenuta San Guido y Bolgheri, del enólogo piamontés más conocido en Italia, Giacomo Tachis, quien junto con Émile Peynaud, afamado profesor bordelés, había creado este vino como un trabajo de experimentación y 3.000 botellas rellenadas a mano.

Sin duda, un vino transgresor de la DOC Chianti Classico que ha revolucionado el vino italiano con grandes influencias francesas y californianas al imprimir cambios en los procesos de elaboración y de crianza.

La familia Antinori

Por su parte, en 1971 el marqués de Antinori presentó Tignanello, un vino elaborado con mayoría de la uva local de la zona, el Sangiovese, con Cabernet Sauvignon, sin la mezcla de uvas blancas; otro supertoscano. La familia Antinori produce vino desde hace más de 600 años: su bodega data de 1385. Son 26 generaciones donde su estirpe ha gestionado siempre de manera directa esta actividad, manteniendo el respeto por la tradición y por el territorio, pero considerando el futuro. Si hay una familia que representa el espíritu toscano, esa es Antinori. Ha sido el alma del movimiento enológico toscano, por lo que no es posible hablar de esta región sin citar a esta bodega y a sus propietarios

El nacimiento de Solaia

Después del nacimiento del Tignanello en 1971, surgió a modo experimental Solaia, en 1978. Fue una cosecha curiosa en la que el Cabernet utilizado para elaborar Tignanello era de una calidad excepcional y había una cantidad más abundante de lo habitual. El marqués Piero Antinori, junto a Tachis, decidieron vinificar esa uva como vino monovarietal produciendo sólo 3.600 botellas.

El éxito fue espectacular tanto de la prensa como del mercado, desafiando al conservador sistema organizativo del vino italiano, que podía catalogarlos sólo como vini da tavola. Era el comienzo de la revolución de estos vinos, apostando por la calidad y no por la cantidad. En 1992 se modificó una nueva ley del vino, la ley Goria.

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Los dos primeros vinos supertoscanos: Sassicaia y Tignanello nacieron en Bolgheri, la zona del Chianti Clásico. Hoy, esta categoría, se ha extendido por todas las zonas de La Toscana. Sassicaia posee la única DO italiana dedicada a un solo vino dentro de la DOC Bolgheri. Marchese Antinori posee viñedos en: Toscana, Umbría, Apulia, las Langas piamontesas y en la Franciacorta lombarda. Hace 15 años el vinicultor Angelo Gaja, plantó un viñedo en la Maremma toscana junto a Bolgheri, la patria del Sassicaia.

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Características de supertoscanos

Podemos suponer que la gran revolución de los vinos toscanos originales, de color claro y acidez con marcada frutalidad, no podían competir en el mercado internacional de ese entonces, donde se privilegiaba la fruta compotada, mucho cuerpo y marcada madera, y quizá sacrificaron su perfil gustativo a favor de la facilidad de comercialización, perdiendo autenticidad y dando paso a los supertoscanos.

Angelo Gaja comparte esta opinión al decir que el prefijo súper no le parece adecuado para sus caldos, expresando que hace vinos finos no “supervinos”. Lo cierto es que habrá que replantearse que el paladar mundial busca frescor, finura y elegancia, en lugar de fruta muy madura y extracto, exceso de barrica y en ocasiones, mucho alcohol. ¿Los supertoscanos mantendrán su lugar preferencial, sobre todo ahora que las cepas autóctonas se han prestigiado entre los amantes del vino, cada vez más exigentes? El tiempo y los consumidores tendrán la última palabra y, desde luego, tú, conocedor.