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Tequila, guerrero mexicano

Pese al camino difícil al que se ha enfrentado el tequila, hoy es el icono que abandera a nuestra nación en todo el mundo. 

Abrir una botella de tequila es un acto ceremonioso, ya sea para un corazón roto, un bautizo, una boda, un viernes de fiesta, para acompañar una comida o para amortiguar los efectos del clima en nuestro existir. Y aunque el ser mexicano no necesariamente implica ser amante del tequila, este elixir proveniente del agave, nos trae recuerdos y de cierta manera, forma parte de nuestro sentido de identidad.

En muchas ocasiones, aunque no le damos mucha importancia a la marca o al diseño de la botella, e incluso nos aventuremos a probar algunos tequilas más allá de nuestros favoritos, al beberlos, inmediatamente percibimos una sensación de arropamiento y de apapacho.

Surgimiento del tequila 

Hace siglos, el pulque y el maguey eran considerados de gran importancia y respeto; el pulque era una bebida alcohólica principalmente de uso ritual y su consumo estaba restringido, mientras que el maguey se consideraba sagrado.

Cuando los españoles llegaron a México, se vieron forzados a degustar las bebidas elaboradas por los indígenas, ya que era sumamente difícil traer sus propias bebidas espirituosas. Principalmente a los territorios de Jalisco y Nayarit, bautizados como Nueva Galicia, introdujeron el proceso de destilación por medio de los alambiques de origen árabe, y con ellos obtuvieron los destilados del agave, los cuales al inicio nombraron “vino de agave” o “vino de mezcal”.

A causa de los efectos producidos por la bebida, muchos sacerdotes católicos consideraban que el vino de mezcal propiciaba el pecado capital. Pero no solamente ellos tuvieron en la mira a esta bebida, ya que durante los años 1600 y 1700 la producción de vino de mezcal tuvo sus vaivenes debido al conflicto de intereses económicos que causaba a la Corona española, por lo que fue sujeto a impuestos, censuras y prohibiciones. A pesar de esto continuó su rápido ascenso en producción y consumo, desplazando a los vinos españoles.

La reivindicación 

El año de 1795 fue trascendental para el tequila, ya que José María Guadalupe Cuervo recibió de Carlos IV la primera licencia para producir vino de mezcal logrando un precedente de la industria que nació de la clandestinidad. Para el año de 1805 el imperio Cuervo se había establecido y con ello pasó a la historia como la productora tequilera más antigua. El vino de mezcal comenzó a ser conocido por todo el territorio novohispano. Para el siglo XIX existían 24 ranchos y haciendas entre Tequila y Amatitán, dotados de plantaciones de agaves.

Durante la Guerra de Independencia, gran parte de las haciendas fueron devastadas y a causa del conflicto armado el proceso de exportación se vio afectado, sin embargo, a pesar de tener todo en contra se estimuló el consumo del vino de mezcal entre la población, sobre todo la que se encontraba en combate, ya que fue una bebida que se adoptó como estandarte de emoción y nacionalismo.

 

El Porfiriato

En el transcurso del Porfiriato los productores de tequila se vieron beneficiados por la industrialización, ya que el ferrocarril amplió las rutas de comercialización, disminuyó el tiempo de distribución y aportó seguridad a la mercancía y al personal. El sentimiento de identidad que despertó el tequila durante la Independencia, se exaltó y de forma aún mayor en el s. XX durante la Revolución, ya que se consideró como una respuesta nacionalista al afrancesamiento adoptado por Porfirio Díaz, debido a que durante su mandato la aceptación del tequila en las altas esferas sociales no era buena, ya que se consideraba una bebida destinada para “el proletariado”, convirtiéndose así en un condicionante social y a causa de ello vinculado directamente con “el pueblo”.

Existe una serie de menciones en la literatura, música e incluso grabados elaborados durante la época revolucionaria acerca del tequila, como en Los de Abajo, obra de Mariano Azuela, en los grabados de José Guadalupe Posada y en diversos corridos.

Con la Revolución se tomó al tequila como bebida emblemática, los artistas e intelectuales lo volvieron una bebida icónica y lo presentaron al mundo. En algunos textos se mantiene el discurso de que la importancia de este destilado como símbolo de identidad nacional, fue proyectado de manera
mundial por la industria cinematográfica, principalmente a partir de las películas que se filmaron a partir de 1940.

Un largo camino con todo en contra 

Es así como el tequila ha recorrido un largo camino, es un guerrero, ha tenido todo en su contra y ha pasado de ser considerado una bebida poco apreciada hasta convertirse en un icono y embajador de la cultura mexicana, sobreviviendo a guerras y a prejuicios, convirtiéndose en una bebida con espíritu, la cual invita a probar una fracción de las raíces de nuestra tierra e introduce al misterio del agave.

Puede llevar a una película de Pedro Infante, a un corrido revolucionario, a una pintura de Frida Kahlo o a una canción de Chavela Vargas. Es parte del grito de la revolución y de las ideas de los intelectuales y artistas. Es uno de los grandes exponentes del mestizaje, es motivo de orgullo, es parte de nuestra cultura, y ha sobrepasado las fronteras. Sea de tu gusto o no, es parte de la identidad mexicana.

Historia del tequila, historia de México

El desarrollo de la historia del tequila esta intrínsecamente relacionado con las conquistas, las guerras, la economía, la cultura y dentro de esta última las tradiciones y, por lo tanto, se ha convertido en parte de nuestra herencia a las generaciones futuras. Para mí es una bebida extraordinaria, de la cual me enorgullezco, y como muchos tengo mi preferido: el blanco, puro y cristalino, 100 % agave.

Así que ¡a disfrutar nuestro tequila! Claro, siempre con moderación.