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Terrazas de los Andes, una aventura que derivó en grandes vinos

Poco más de tres décadas confirman uno de los experimentos más arriesgados en la historia del vino.

Terrazas de los Andes surgió como una aventura de altitud que se enlaza con la enorme pasión por la vinicultura y un fuerte compromiso con la naturaleza. Su origen parte de un grupo de productores franceses, cuyo deseo de introducir
nuevos varietales y técnicas de vinificación en Argentina, dio como resultado un vino de altura, “un placer elevado”.

Punta de lanza del vino argentino

Este proyecto de vinificación de montaña tuvo lugar mucho antes de que los viñedos argentinos fueran tan reconocidos en el mundo. Los exploradores franceses entendieron el potencial de las terrazas y plantaron viñedos en los linderos andinos, a una altura que nadie antes había imaginado, bajo el precepto de que el clima frío haría más lenta la maduración de las uvas y con ello, éstas alcanzarían una máxima expresión frutal.

Tan sólo el 15 % de los viñedos mendocinos han sido plantados a más de 1000 msnm, en donde impera el clima frío; sin embargo, el viñedo El Espinillo, ubicado en la zona de Gualtallary, alcanza los 1630 msnm. Con una calidad alcanzada en los vinos, Terrazas de los Andes logró catapultar al vino argentino en el panorama mundial.

Más de 30 años de experiencia y conocimiento han llevado al equipo de la bodega a subdividir los viñedos en más de 200 parcelas, de acuerdo con el tipo de terruño en el que se encuentran y los manejos específicos de cada una de ellas en distintas etapas. A partir de esto, la calidad de las uvas es cada vez mayor y, por consiguiente, la categoría de los vinos Reserva y superiores ofrecen autenticidad superior de la vid a la botella.

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“Esa diversidad y esa autenticidad son nuestra divisa: el precioso mosaico que constituyen nuestros suelos es el secreto de la complejidad y la consistencia de nuestros vinos”.

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Las condiciones del terroir

Los 10 viñedos de Terrazas de los Andes se enclavan a gran altitud y bajo un clima frío, ubicados en las siete apelaciones argentinas más notables, en Luján de Cuyo y en el Valle de Uco. Estos climas propician que las uvas maduren con mayor lentitud y desarrollen aromas frescos, frutales y refinados, coloración más profunda, acidez vibrante y una delicada texturización de los taninos, lo que resulta en vinos de un equilibrio y una elegancia sorprendentes.

Es la herencia francesa, bajo el emblema de la uva Malbec, uno de los siete varietales permitidos en Burdeos, lo que aporta elegancia a la bodega. Las uvas se irrigan con agua pura proveniente del deshielo de los Andes, se cosechan en el momento justo de la madurez y se vinifican con un proceso exacto y controlado para respetar la pureza y frescura de esa zona.

El agua de Mendoza vale oro, pues no olvidemos que este territorio se localiza en un desierto. Para asegurar la irrigación en sus viñedos, Terrazas de los Andes instauró -como uno de los pioneros en el país- el riego por goteo, lo cual le permite ahorrar hasta 60 % de agua. Todos los viñedos están certificados como sustentables gracias a sus prácticas de cero herbicidas y la promoción de la biodiversidad.

Etiquetas de altura 

  • Reserva Malbec 2019: un Malbec vibrante y aterciopelado, mezcla de varietales de seis viñedos, cultivados a altitudes que van de los 1070 a los 1250 msnm. Está añejado un año en barricas de roble francés y objeto de un descanso de seis meses en botella. A partir de condiciones climáticas favorables, la cosecha 2019 es ya recordada como una de las mejores de la década.
  • Grand Malbec 2018: máxima expresión del Malbec de la Casa, se compone de uvas cultivadas en tres viñedos de altura, cosechadas a mano en las primeras horas de la mañana, antes de una maceración suave y prolongada durante
    un promedio de 20 a 25 días. Año excepcionalmente templado, el 2018 arroja una cosecha memorable, de fruta fresca y sana con muy buena concentración de color y hollejos gruesos, lo que resultó en vinos de muy alta calidad.
  • Reserva Torrontés 2020: un blanco de color amarillo pálido con delicados tonos verdes, elaborado a partir de uvas provenientes de viñedos de 40 años, enclavados a 1600 msnm. La cosecha 2020, caracterizada por fuertes lluvias, temperaturas más bajas y presencia de brisa, aportó a las uvas frescura, sanidad y buena madurez.
  • Reserva Cabernet Sauvignon 2018: fruto de una de las mejores cosechas en los últimos 10 años, su clima templado resultó en condiciones de madurez que permitieron la elaboración de vinos de muy alta calidad. Redondo y jugoso en boca, es ideal para acompañar carnes rojas y de caza, vegetales a la parrilla, salsas tipo demi-glacé y guisos.