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Viñedos orgánicos

Uno de los temas trascendentes a nivel internacional es el cambio climático global y su afectación en todos los ámbitos, en particular, en el de la vitivinicultura. 

Algunos países que basan parte de su desarrollo y economía en la industria vitivinícola, han creado acciones a favor de reconvertir los graves efectos del cambio climático, por lo que han implementado criterios de sustentabilidad y  sostenibilidad para aportar su conocimiento en temas de mitigación, adaptación y competitividad en este sector. Su propósito es fomentar la sanidad vegetal con el uso de métodos biológicos y de cultivo que minimicen el impacto al medio ambiente, así como la implementación de programas fitosanitarios amigables con el entorno basados en productos de bajo impacto. Por otra parte, promueven el uso racional de los recursos hídricos con el empleo de aguas no contaminadas, una correcta nutrición y fertilización, y el empleo de materia orgánica que enriquezca la microflora del suelo.

Las emisiones de carbono

El control de la huella de carbono ha contribuido a que las organizaciones sean entidades socialmente responsables y vehículos de conciencia al implementar prácticas sostenibles. Al cuantificar la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero -liberadas a la atmósfera debido a nuestras actividades-, se alienta a los consumidores a decidir qué alimentos o bebidas deben adquirir con base en la contaminación generada. Para las empresas, permite definir mejores objetivos, políticas de reducción de emisiones más efectivas, e iniciativas de ahorro de costos mejor dirigidas.

Los vinos orgánicos son un buen ejemplo del interés de ofrecer productos que respetan este concepto y la sostenibilidad del medio ambiente. El primero y más importante de los puntos que se consideran al nombrar un vino orgánico, comienza con el cultivo del viñedo, durante el cual, herbicidas, pesticidas y fertilizantes sintéticos están absolutamente prohibidos, con el propósito de contar con una uva libre de contaminantes. Es necesario recurrir tanto a trabajos manuales de suelo como al uso de coberturas vegetales, fertilización natural con aporte de estiércol o composta, así como a la prevención de enfermedades con el uso de productos permitidos.

Tanto las uvas como su producción, deben ser certificadas por organismos privados autorizados que garanticen la trazabilidad y su carácter orgánico. El elemento diferenciador no se encuentra en las manifestaciones organolépticas, ya que no difieren significativamente de las de un producto elaborado bajo un método tradicional. Sin embargo, para quien lo elabora y para quien lo consume es un compromiso con la protección de la salud y, en definitiva, con el respeto por la naturaleza.