Te gusta

El vino en rosa

La magia de los vinos rosados se encuentra concentrada en su eterna juventud. 

Cuando se eleva la temperatura y se está en pleno verano sucede el llamado “consumo sensible al clima”, donde no hay vino que se apetezca más que uno rosado, el cual, con sus particulares tonalidades, inspira actividades bajo el sol y al aire libre. ¡Sólo basta con tomar una copa y cerrar los ojos y justo ahí empieza el poder de su encanto!

El estilo del rosado

Los vinos rosados son un estilo naturalmente alegre que a mi parecer poseen una personalidad desestimada, brindan un potencial único, una relación calidad-precio envidiable y han alcanzado un incremento en el consumo en el mundo en la última década, especialmente en el sector joven de países productores o no: al final, un rosé representa la espontaneidad, la frescura y la juventud del momento.

Sin embargo, muchas personas abandonan el deseo de comprar un vino rosado porque lo consideran delicado, sin cuerpo y de baja complejidad, pues este estilo es el castigado vino que muchos han colocado en un intermedio y aspiracional puesto, pues no lo ubican ni como un aromático vino blanco ni mucho menos como un potente vino tinto -algo a la mitad, se dice-, dejándolo en el limbo.

El secreto del rosé 

Lo que no saben es que los vinos rosados son fantásticos por una simple razón: poseen una identidad única de equilibrio entre la expresión y potencia que las uvas tintas pueden dar, con la elegancia y delicadeza que los vinos blancos otorgan, pero de una forma sutil y flexible. Al tener una materia prima variable de acuerdo con el lugar de producción, hay una gran expresión de distintos estilos, y esto los ha llevado a ser el 10 % de todo el vino producido en el mundo con un crecimiento exponencial del 28 %, mostrado entre 2002 y 2017.

El vino rosado toma su color de las uvas tintas, y del tiempo en contacto del mosto de uva con sus hollejos, y como éstas son las responsables de contener la materia colorante -antocianos, cruciales para la cesión de color, entre otras cosas-, de acuerdo con el tiempo de maceración, obtienen en mayor o menor medida los tonos que lo colocarán en la paleta de colores de rosa pálido, salmón, fucsia… tonalidades que son una delicia visual.

Y como el vino habla incluso aunque no se le pregunte, sus colores dan una guía fabulosa de lo que está por ocurrir, ya que usualmente entre más color tenga y más intenso sea, más estructurado y frutal será en el momento de la cata.

¿Qué esperar de un vino rosado? 

Como carta de presentación, aromas primarios en su máxima expresión pertenecientes a las uvas que utilizan como base; desfilan además los aromas secundarios que son la muestra viva de su elaboración, los cuales están creados durante la fermentación; en boca se expresarán con cuerpo ligero a medio, con una acidez refrescante que se mostrará como su columna vertebral, haciéndoles una delicia para convertirse en el acompañante de platillos con ingredientes diversos, métodos de cocción varios, guarniciones extensas y salsas multicolores, validando un gran nivel de tolerancia a la armonización.

¿Y si no marida a la perfección? Lo que puedo decir es que se le perdona, porque es un lindo y refrescante rosado.

Toda una gama de experiencias 

Los precios son diversos según su origen y dependiendo de dónde provenga. Son cuatro los países que poseen el 80 % de la producción y son: Francia, España, Italia y Estados Unidos, aunque también se encuentran cosas fantásticas de Chile, Uruguay, Australia y por supuesto, México.

Lo bonito de este estilo es que son vinos que no están elaborados de complicaciones, sino de sutilezas, mostrándose aromáticos y diversos. Destacarán la fresa y la flores con la uva Pinot Noir, o serán potentes y especiados en su estilo los elaborados con Cabernet Sauvignon; esto por mencionar dos ejemplos, porque los más populares en el mundo se vinifican con las uvas Tempranillo, Grenache y Syrah, de las cuales destacan grandes exponentes del norte de España o del sur de Francia, respectivamente.

Cómo disfrutarlos 

Son disfrutables a una temperatura entre 10 y 13 ºC, ya que al presentarse en diferentes concentraciones de azúcar residual, tenemos vinos con perfiles secos, semisecos, semidulces, dulces, de tipo tranquilo o con burbuja constante, cobrando la temperatura de servicio gran importancia, pues permite resaltar sus aromas, mientras la vivaz acidez no pierde protagonismo.

Como sugerencia, en ellos la edad sí importa, por lo cual debemos cuidar que sea una menor de cinco años a la añada mencionada en la etiqueta -aunque hay grandes excepciones que sobreviven una década completamente en pie, pues dependen mucho de la uva que se trate y también de sus niveles de acidez-, recordando que su encanto reside en su etérea juventud.

En suma, puedo decir sobre los vinos rosados que son una delicia y que hay para todos los paladares, porque si bien los tintos nos enganchan con su profundidad y los blancos con su frutalidad, los rosados hacen grandes méritos por su versatilidad y su sencilla y fantástica franqueza, comprometida con expresar la uva con la que están hechos y transportarnos al blushing veraniego en cada sorbo, ya que fueron conceptualizados para ello.