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Vinos blancos y rosados: maridaje.

 

 

Este tipo de vinos cuenta con excelentes etiquetas y una extraordinaria acidez ideal para maridar con la gastronomía mexicana. 

Podríamos comenzar diciendo que los vinos blancos y rosados suelen ser “etiquetados”, sin haberles dado la oportunidad de haber sido degustados. ¿Cuántas veces a la hora de elegir el vino, escuchamos que alguien dice “yo sólo tomo vino tinto”, o “el blanco me produce dolor de cabeza”, e incluso “los rosados son para las mujeres”?

Si bien la elección y el gusto son totalmente subjetivos, debemos tomar en cuenta las cualidades que nos ofrecen estos estilos de vinos. El vino blanco es un fermentado de uva que puede ser sólo de uvas blancas, denominado blanc de blancs, o provenir de uvas tintas, conocido como blanc de noir. Mi recomendación sobre este estilo de vinos es realmente muy amplia, ya que nos permite explorar el mundo a través de sus cepas emblemáticas, como el Grüner Vertliner de Austria, el Albariño de Rias Baixas, con las características tan propias del terroir y excelentes representantes como Marimorena, Altos de Torona, Pazo Baion, Marieta, o el Albariño de Fefiñanes; Riesling Auslese, Karl Erbes de Alemania; The Princes Abbes Domaines Schlumberger, de Alsacia; o Torrontes, de Trapiche, Argentina.

¿O qué tal de Estados Unidos, que se han distinguido por su maestría al elaborar vinos blancos con barrica? Tan sólo hace falta dar un repaso por la historia, cuando en 1976 se celebró el juicio de París, en la cata que dio un vuelco a la apreciación de la viticultura norteamericana, donde resultó ganador el Montelena Chardonnay 1973.

Otro mito es que los rosados resultan de la mezcla de un vino blanco con uno tinto. En realidad, el proceso de elaboración de un rosado es mucho más complicado que esta sencilla combinación: los vinos rosados obtienen su color a partir de los hollejos o cascarillas de las uvas, pero con menos horas de contacto o maceración con estas pieles. Una de las grandes destrezas del enólogo o elaborador del vino, es mantener la constancia del color, año tras año. En ambos casos podemos encontrar un mayor nivel de acidez del que podemos tener en los vinos tintos.

Los vinos rosados poseen una identidad única, ya que suman la expresión y potencia que las uvas tintas le aportan, además de que hacen grandes méritos por su versatilidad, y su sencilla y fantástica franqueza comprometida con expresar la uva con la que fueron elaborados.

Además, tomemos en cuenta la amplia gama de oportunidades que nos ofrecen, ya que en México gozamos de una gastronomía tan variada y privilegiada que fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, en 2010, y es justamente este estilo de vinos que tienen buena armonía o maridaje con muchos de nuestros platillos típicos, en especial con los que son especiados, como la cochinita pibil, los taquitos al pastor y los chiles en nogada. Y si hablamos de gastronomía mexicana, maridemos también con vino mexicano, qué tal un V, de Casa Madero, o quizá un Ímpetu, de Vinícola Fraternidad.

En caso de querer experimentar con vinos rosados de otras regiones, podríamos sugerir algunas apelaciones como Tavel del Ródano, Rosé d’Anjou del Val de Loire, son más ácidos, menos consistentes, mientras que los provenientes de Navarra tienen una excelente calidad, a pesar de ser menos coloridos. Por su parte Provence, nos ofrece una mezcla intermedia, sin paso por barrica.

Ahora, llegó el turno de darle una nueva oportunidad a este estilo de vinos; les aseguro que se van a sorprender.